La práctica de la
meditación en los niños implica realizar una gran cantidad de actividades en las que los mismos están orientando la atención en su respiración, en algo que están viendo, o en algo que se encuentren haciendo con el objetivo de, en primer lugar,
calmar la mente.
Cada vez son más los padres y docentes que saben que los pequeños no necesitan estar constantemente entretenidos y estimulados y que ellos también pueden beneficiarse de unos minutos de meditación para conocerse, relajarse y disfrutar de un momento de calma.
¿Cuales son los beneficios de la meditación en los niños?
Son muchos. De cara a sus habilidades cognitivas, el niño que aprende a meditar, desarrolla todas sus competencias intelectuales como el sentido cognitivo: mejora la atención, la capacidad de razonamiento, de lógica, de cálculo, etc.
Por otra parte, cualquier otra actividad que el niño desarrolle, ya sea deportiva, creativa, artística o social, se va a ver beneficiada de la práctica de la meditación por lo que podemos afirmar que desarrolla todas las habilidades individuales tanto físicas como a nivel intelectual.
Además, el niño que medita, que escucha sus emociones, va a desarrollar sus habilidades sociales, va aprender a conocer sus límites, sus capacidades, aprenderá a perdonarse a sí mismo, a los demás, a desarrollar la asertividad y la empatía.
Entonces, reconociendo todos los beneficios de la meditación, deben los niños aprender a meditar? Esto depende del niño si realmente quiere. Porque la meditación necesita como primer ingrediente la curiosidad. Y la curiosidad es un acto voluntario qué no se puede esforzarlo. Por lo tanto es indispensable que el profesor logra a inspirar el niño a investigar en su propio interior. Una vez la curiosidad se despertó se puede aprovechar con una meditación guiada por algunos minutos. Ojo: siempre respetando la voluntad y capacidad del niño para seguir las sugerencias meditativas.
Algunos tips para preparar una meditación guiada para niños:
El lugar: Escogeremos una habitación tranquila, previamente ventilada, con una temperatura confortable y una luz tenue. También podéis acompañar la sesión con una música suave y/o algún aroma relajante como el incienso o una vela encendida. El niño llevará ropa cómoda
La posición: Lo mejor es que pueda permanecer tumbado boca arriba para realizar la sesión, (podemos colocar un par de toallas grandes), con brazos y piernas estirados, palmas hacia arriba y espalda recta. Si no puede ser, también puede colocarse sentado cómodamente en una con de meditación, con las rodillas apoyadas en el suelo, la espalda recta y ojos cerrados